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Retazos

Pinceladas
March 02

El alma de las ciudades

 

Cada ciudad, como cada persona, tiene una forma diferente de acceder a ella para llegar a conocer sus detalles más íntimos.

Bruselas, por poner un ejemplo, es una de esas ciudades que desea ser recorrida en bicicleta. No es que llegue a ser tan plana como Amsterdam, la cual no ofrece ningún tipo de resistencia muscular y te puedes llegar a dormir mientras te desplazas, soñando vete tú a saber con qué. Tampoco es como Brujas, en la que los coches ceden gustosos la prioridad al caballo mecánico, ya que hace algún tiempo decidieron que eran las verdaderas dueñas de las calles. Ni siquiera se aproxima a Bonn en la cual una abuelita pasa a tu lado pedaleando a las doce del medio día con un par de bolsas en cada mano.

Bruselas es más bien una ciudad que todavía esconde, un poco avergonzada, a sus ciclistas. Aun así cuando pasas disimuladamente por sus calles, dirección prohibida para los motores a gasolina, sientes que eres demasiado libre.

Y sus calles adoquinadas te mantienen despierta, imagino que para que admires su arquitectura gótica. Un día, te levantas demasiado cansada como para hacer otra cosa diferente a pedalear, y decides irte a contemplar la ciudad desde uno de sus ángulos menos conformistas, cerca del palacio de justicia, allí se domina una gran parte de la ciudad que se extiende varios metros por debajo. Lo mejor es mirar en movimiento, ya que al ser una ciudad sin luz si te detienes a mirar largo rato de repente te invade una sensación de tristeza que empaña el paisaje, así que continuas pedaleando, pasas rápido la muralla que bordea el panorama , mirando de reojo y compadeciéndote de esos pobres turistas que aun no entendieron de que va la ciudad. Con un poco de esfuerzo más, subes la cuesta que te separa de Ixelles, el barrio árabe, portugués, africano y belgafrancofono. Pedaleas aun más rápido al llegar, ya que si quieres verlo y captar su verdadera esencia debes recorrerlo a la máxima velocidad, calle matonge (africana) negros ataviados con vistosos colores, calle árabe olores, carnicerías, velos, calle portuguesa cafés, dulces, tiendas, murmullos, calle belga, un gran lago, casas enormes, ¿mármol?, poca gente. Si te detienes no lo ves, si vas en coche no lo ves, sólo lo puedes sentir a la velocidad de tus piernas coordinadas con la maquinaria perfecta.


Granada en cambio, sólo acepta pies, además es exquisita en el calzado, unas buenas botas, amplias para regocijo de los dedos. Granada se extiende misteriosa a través de cientos de callejones estrechos, pedregosos, demasiado orgullosos para aceptar otra forma de ser mirados que la que proporciona el consabido paseo.

Hay que pararse cada diez segundos para admirar una perspectiva diferente de la Alhambra, bien por el tipo de luz que se refleja en ese momento particular, en ese día de mediados de febrero con sol de mayo, bien por la calidad de la sierra que la enmarca por detrás. Otras veces es el Niño de las pinturas que te ha regalado un graffiti por esa calle que recorres a diario y te maravillas de que un cuadro así haya podido, a ti te parece al menos, nacer en una sola noche. O decides perderte, porque si, una noche cualquiera Albaycín arriba, y lo recorres a pequeños pasos, con las aletas de la nariz bien abiertas, hasta un mirador que descubriste la semana pasada, o te tumbas bocarriba en una de sus placitas y simplemente miras el cielo, dejándote arrastrar por ese ritmo africano impreso en el aire. Granada no tolera bajo ningún concepto la velocidad, deja de existir y se convierte en una ciudad gris bajo el estrés de una capa de humo y de claxon, girando sin sentido en alguna espiral hecha de coches que gritan atascados.


Nápoles, sin embargo, se concibió como su hermanastra mayor, Roma, para ser amada en moto. Para poder esquivar con humor a los coches que se abalanzan, ebrios de velocidad, sobre los pasos de peatones, que casi nadie sabe para que sirven. Y conseguir, con el cabello volando y el sol sobre tus mejillas, mezclar los colores imposibles de sus fachadas.


Tengo un último lugar, un pueblecito de la sierra de murcia, un pueblo de 15 habitantes y 30 casas. Situado en un valle entre montañas. Allí puedes sentarte, y mantener los ojos abiertos, perder la mirada en el horizonte, o entre sus almendros en flor. Deslizar la vista sobre las laderas de las montañas que lo protegen. Te pide inmovilidad, no quiere ser perturbado con paseos constantes o ruido de coches. Huele a pino. Y sabe a madera tierna.


February 26

Las farolas de tu barrio

 

Veo la sombra de esa mujer de mediana edad que baila para ella sola en el salón de su casa.

La habitación es de reducidas dimensiones, pero ella ha juntado todos los muebles en un rincón y ha apagado las luces, dejando sólo la tenue iluminación de la farola.

Baila Piazzola, es triste, melancólico te diría ella si pudiera verte. Gira extasiada con la mirada perdida, parece que llora, pero no, es el brillo propio de la luz artificial.

Sus caderas la han llevado hasta el suelo, ha elegido una esquina vacía del salón. Siempre pensó que su vida estaba compuesta por esquinas, por dobles direcciones. Desliza lentamente la mano derecha, la única que podemos ver puesto que la pared tapa el resto de su cuerpo, acaricia el muro desagradecido y le parece por un segundo, que es la piel de aquel adolescente que hace años rozó, sin mirarlo siquiera, en un autobús urbano, era verano y cree que entonces aun era feliz.

La mano llega al suelo y el cuerpo se curva en un abrazo imposible, el borde de la pared se clava fiero en su vientre caprichoso. Pasan diez segundos y nada pasa, los brazos y las piernas estiradas cubriendo el frío muro.

Ahora si se escapa una lágrima traviesa, pero no podemos verla, su rostro contra el suelo de madera. El orgullo de mujer latina, mujer de hierro y fuego.


Las mujeres ya no saben llorar,

las mujeres ensimismadas y rapaces,

mujeres de barro y azahar.

Quiero no ser mujer,

tampoco sabría ser hombre.

Danzo con furia y rabia

danzo hasta que los pies me sangran

y mis tristes rodillas se agrietan de polvo y miseria.

Reivindico el derecho a no ser

a no creer en nada

a bailar hasta la vejez

a morir en movimiento.

Salvia de árboles enfermos

cubre mi cuerpo

y vuelo así,

entre farolas y

gatos pardos.


Canta al tiempo que curva su espalda hacia el suelo y Piazzola continua inclemente con esa melodía que rasga el alma. Silencio fuera de este cuarto, el mundo parece estar en otra parte.

Creo que te amo le susurro al oído, pero ella no puede oírme.

Te marchas de mi lado dando un portazo. Sé lo que piensas, siempre me gustaron los amores imposibles y yo no te sigo, porque ella comienza de nuevo su danza que a mi me parece un hechizo y me quedo quieta y en silencio. Esperando, tal vez, que en algún momento note mi presencia y decida amarme.

Así, envueltas en música y baile y lágrimas furtivas.                                                           

la sombra del vientom

February 19

Quiero que me digas amor que no todo fue naufragar

 

¿Cuál es tu silencio?

mi silencio eres tú

mi silencio no eres tú, mi silencio soy yo

¿puedo acurrucarme en tu silencio?

sólo si prometes desnudarte de promesas y de falsos cumplidos.

Déjame expandirme contigo

shhhhhhh, escucha

qué

escucha la verdad

no oigo nada

pues eso.

¿Quieres ver mis intestinos?

Estoy deseando...

los he perdido de camino hacia ti

no, no los has perdido, están escribiendo una canción para cuando vuelvas.

¿volver? ¿adonde?

Para cuando abandones mi silencio

moriré

sí, morirás...

no quiero morir

¿qué quieres?

tu silencio, tu manera de no decir nada, de acomodarte en el tiempo...

Trágate la lengua

cómo

no sé, sólo trágatela

¿y después?

Después nunca hay nada

entonces ¿para que vivimos?

Para encontrar el silencio...

 

 silencio

February 18

Rabia

 

Resulta que no rozo rauda tu rostro


resulta más,

resulta raro también.


Resulta que la rabia me rellena por dentro.


 

Y resulto remedio raso

y risas,

ríes,

río rosas rojas.


No resulta rápida ni risueña

ésta mi recta,

éste mi río...


De reojo rectas hacia mí,


es ruin


soy tu ramera en rama.


Tu recuerdo me recubre receloso

y entonces revive:


La rabia renace

rabia de que no resultara,

rabia reprimida,

rabia roja

rabia de rabias.


Rutinas de no reconocerte

y resbaladizos restos de ti

como ristras

de ratas

ripias .

 

images


 

September 06

Azul verdosa

Azul verdosa, ya no soy de carne y hueso, ahora estoy hecha de mar y de rocas y de algas que acarician pieles.

La isla Graciosa se pegó a mi espalda y aun me susurra cuando la luna sale y logro olvidar que volví a la ciudad, que no estoy más entre sus pececillos…

Viajar con tus dos hermanos, conseguir dormir escuchando sólo las lánguidas olas que se lamentan y el azote del viento en tu cara.

Ayer nadé en el atlántico, dejando que las horas me quemaran la piel oscurecida, contrastada con su arena blanca, mimetizándose con sus negras rocas. Negras como los ojos peninsulares que rozan sus aristas.

Fuerteventura, pedregosa, árida, orgullosa con su viento arrancando nuestras ropas para dejarnos desnudos ante su belleza. Dunas que consiguen esconder nuestra tienda prohibida. En su cima ya no somos más hombres y mujeres civilizados, sino cuerpos que complementan sus curvas con las nuestras…Quizás la felicidad…

Su ron calienta nuestros estómagos que ya no tienen celos del sol y somos más de lo que nunca soñamos.

La misma sangre recorre nuestras venas, transportándonos al triangulo de verano con su cisne y su águila, dejando que el dragón se deslice entre las dos osas, como todas las noches liberadas de luz eléctrica. Superando la oscuridad de las ciudades.

Quizás allí fuimos felices…